El próximo miércoles comienza la Cuaresma con la tradicional imposición de ceniza, que reciben los católicos como signo de penitencia.
Benedicto XVI la recibirá de manos del cardenal Josef Tomko, quien pronunciará ante el Papa aquel “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”.
Pocos saben que desde hace aproximadamente 1.200 años, los papas salen del Vaticano cada miércoles de ceniza, para recibirla en una basílica de Roma.
Desde hace décadas, la ceremonia comienza en la basílica de San Anselmo, en el monte Avventino de Roma. Desde aquí parte una procesión penitencialpresidida por el Papa, que llega hasta la basílica de Santa Sabina. Es una procesión cuesta arriba para simbolizar el esfuerzo que debe hacer cada católico para ser santo.
Pocos días más tarde, el Papa suspenderá todos sus encuentros durante siete días para realizar sus ejercicios espirituales. Comenzarán el domingo 26 de febrero y concluirán el sábado 3 de marzo.
Los predicará el cardenal Laurent Monsengwo Pasinya, del Congo. Es uno de los representantes más prestigiosos de la Iglesia africana, y una de las principales voces en defensa de los derechos humanos.
Un día después de sus ejercicios, el Papa visitará una parroquia de Roma. Este año le toca a la de San Giovanni Battista de La Salle al Torrino.
La intensa agenda de esta cuaresma se cierra con dos grandes eventos: lavisita del primado anglicano Rowan Williams, el 10 de marzo; y el viaje del Papa a México y Cuba del 23 al 29 de marzo.
El Papa regresará a Roma tres días antes del Domingo de Ramos. Tendrá sólo 72 horas para recuperar fuerzas antes de las intensas ceremonias de Semana Santa.
Esta puerta esconde la historia de
uno de los santos más conocidos, al menos de nombre. San Valentín. Es una
catacumba del siglo 3 que se abre sólo el día de San Valentín, un sacerdote
mártir. Pero según los historiadores,
cuando hoy por hoy se habla del patrón de los enamorados, no se habla de uno
sino de dos santos.
Fabrizio Visconti
Pontificia Comisión de Arqueología
Sacra
“En realidad, existen dos San
Valentín. Dos santos mártires que murieron durante las persecuciones del tercer
siglo, o en la persecución de Diocleciano, del año 250, o en la de Valerio, en
el 256, antes de las grandes persecuciones del cuarto siglo”.
Visconti es el principal
responsable de las catacumbas de Roma. Dice que estos pies pertenecen a
mártires, probablemente uno de ellos es San Valentín.
Había dos pisos de catacumbas y una
basílica. Se enterraba a los mártires en la basílica. Se sabe quiénes eran
gracias a fuentes históricas. Hay un famoso pasaje del siglo V o VI que habla
de un mártir llamado Valentín, que fue enterrado aquí, en la Vía Flaminia, una
vía llena de cementerios. El otro San Valentín fue obispo de
Terni, una ciudad del centro de Italia. Murió también mártir en el siglo III,
pero su fama de patrón de los enamorados es mucho más reciente.
Mario Ottaviani
Basílica de San Valentín, Terni,
Italia
La devoción a San Valentín como
patrón de los enamorados ha empezado en los últimos 50 o 60 años.
Los tiempos han cambiado. Ahora,
los enamorados romanos no van a la catacumba sino a Puente Milvio. Como símbolo
de su amor eterno, escriben sus nombres en un candado, lo cierran y tiran la
llave al ríoTíber.
El mundo se ha hecho su propia idea
de San Valentín, y lo ha convertido en un día muy especial. Aunque al final, la
fiesta conserva la filosofía que vivieron estos dos santos: entregar su vida
por amor.
Hermana de San Benito de Nursia, abad de Montecassino. Las únicas noticias fidedignas que poseemos sobre su vida son las referidas por San Gregorio Magno en el II libro de los Diálogos. Las noticias, legendarias que se añadieron, enriquecen poco la imagen sencilla e intensa de la santa. Pero a San Gregorio no le interesaba presentarnos una noticia biográfica completa de Santa Escolástica, sino completar el perfil interior del padre del monacato occidental. De acuerdo con esta fuente, y relatando lo que en ella se nos dice,parece que el año del nacimiento de los dos santos coincide: el 480. Por tanto, San Benito y Escolástica probablemente fueron gemelos, y si no lo fueron anagráficamente, sí lo fueron espiritualmente, pues sus vidas fueron paralelas hasta la muerte, en el 547, a 40 días de distancia.
Santa Escolástica fue consagrada a Dios desde la infancia; nada más se sabe de ella sino que aparece en los últimos años junto a su hermano en las cercanías de Cassino. Cada año solía reunirse con él no lejos del monasterio, dedicando largos ratos a charlas espirituales. El episodio que se atribuye a su último encuentro es célebre en la hagiografía: habiéndose prolongado el coloquio hasta tarde, pidió ella a su hermano que se quedase por la noche para conversar sobre temas divinos; recibida una negativa, Santa Escolásticarecurrió a la oración, desencadenándose al instante tal tromba de agua que el santo tuvo de continuar allí.
Después de pasar la noche en elevada conversación espiritual, los hermanos se separaron; pero pasados tres días San Benito vio prodigiosamenteel alma de la Santa subir al Cielo en forma de paloma y, deduciendo de ello su muerte, comprobó que ésta había en efecto tenido lugar.
Entonces hizo transportar su cadáver a Montecassino, enterrándola en el oratorio en la cumbre del monte, donde todavía reposan sus restos junto a los de su hermano con el que durante siglos ha compartido los honores de un sepulcro decorado con arte y riqueza en el altar mayor de la basílica cassinense y venerado por los fieles de todo el mundo.
El reconocimiento canónico y científico de sus huesos, junto con los de su hermano, hecho en 1950, confirmó la autenticidad de la tradición, que afirmaba la continuidad de su existencia en la tumba primitiva. A los pies de Montecassino perdura todavía el recuerdo de la presencia de Santa Escolástica en un lugar llamado «il Colloquio», que fue probablemente el de su encuentro con San Benito, estando, según se cree, en Aquino, en la comarca de Plumbariola (Piumarola), la celda de su residencia.
Además de en Montecassino y alrededores,el culto de Santa Escolástica se difundióya antiguamente por todos los lugares por donde se esparcieron los monasterios benedictinos; por eso, también en el arte, especialmente en la pintura y en la miniatura,Santa Escolástica tuvo siempre un lugar preferente al lado de su hermano.
Su culto recibió después especial propagación e intensidad en el vasto ambiente monástico femenino. También ahora en la liturgia romana se celebra su memoria el 10 de febrero, y la devoción popular la invoca para obtener la lluvia y alejar los rayos. Su figura ha sido celebrada asimismo desde antiguo con homilías (de Bertario, Alberico, etc.) y con himnos (entre ellos la bella secuencia Emicat meridies).
El oponente más fiero de la fe cristiana se convierte en su más eficaz
promotor. ¿Cómo fue posible? ¿Qué ocurrió en el camino a Damasco? ¿Cómo
logró transformar el mundo antiguo entre mil peligros y persecuciones?
Pablo no pertenece al pasado: nos sigue hablando con pasión...
En este impresionante documental descubrimos el secreto que explica
cómo el antes agresivo y fanático Saulo sigue influyendo en el mundo 20
siglos despuéscon fuerza inusitada...
Autor: Cardenal Joseph Ratzinger("El rostro de Dios", Ediciones Sigueme, Salamanca 1983, 19-25)
"Nosotros somos buey y asno frente a lo eterno, buey y asno cuyos ojos se abren en la nochebuena de forma que, en el pesebre, reconocen a su Señor".
I
El especial calor humano que tanto nos conmueve en la fiesta de navidad y que incluso en los corazones de la cristiandad ha sobrepujado a la pascua, se desarrolló por primera vez en la edad media, y aquí fue Francisco de Asís el que, partiendo de su profundo amor al hombre Jesús, hacia el Dios-con-nosotros, contribuyó a introducir esta novedad.
Su primer biógrafo, Tomás de Celano, nos cuenta en su segunda biografía lo siguiente: «Más que ninguna otra fiesta celebraba él la navidad con una alegría indescriptible. Él afirmaba que ésta era la fiesta de las fiestas, pues en ese día Dios se hizo un niño pequeño y se alimentó de leche del pecho de su madre, lo mismo que los demás niños.
Francisco abrazaba -¡y con qué delicadeza y devoción!- las imágenes que representaban al niño Jesús y lleno de afecto y de compasión, como los niños, susurraba palabras de cariño. El nombre de Jesús era en sus labios dulce como la miel».[3]
De tales sentimientos procedió la famosa celebración de la navidad en Greccio (año 1223), a la cual le pudieron animar e incitar su visita a la tierra santa y al pesebre que se halla en Santa María la Mayor en Roma; pero lo que sin duda influyó más en él fue el deseo de más cercanía, de más realidad.
Y le movió asimismo a ello el deseo de hacer presente a Belén, de experimentar directamente la alegría del nacimiento del niño Jesús y de comunicar esa alegría a sus amigos.
De esa noche del pesebre nos habla Celano en la primera biografía, de tal manera que conmovió cada vez más a los hombres y, al mismo tiempo, contribuyó decisivamente a que pudiera desarrollarse y extenderse esta hermosísima costumbre de la navidad: la de montar «belenes» o «nacimientos». (…)
II
En la cueva de Greccio, por indicación de Francisco, se pusieron aquella noche un buey y un asno [7]. Efectivamente, él había dicho:
Desearía provocar el recuerdo del niño Jesús con toda la realidad posible, tal como nació en Belén y expresar todas las penas y molestias que tuvo que sufrir en su niñez. Desearía contemplar con mis ojos corporales cómo era aquello de estar recostado en un pesebre y dormir sobre las pajas entre un buey y un asno.[8]
Desde entonces, un buey y un asno forman parte de la representación del pesebre o nacimiento. ¿Pero de dónde proceden propiamente estos animales? Los relatos de la navidad del nuevo testamento no nos narran nada acerca de esto.
Pero, si profundizamos esta cuestión, topamos con un hecho que es importante para todas las costumbres navideñas y sobre todo para la piedad navideña y pascual de la iglesia en la liturgia y al mismo tiempo en los usos populares.
El buey y el asno no son simples productos de la fantasía; se han convertido, por la fe de la iglesia, en la unidad del antiguo y nuevo testamento, en los acompañantes del acontecimiento navideño. En efecto, en Isaias/01/03 se dice concretamente: «Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento».(…)
En las representaciones medievales de la navidad, no deja de causar extrañeza hasta qué punto ambas bestias tienen rostros casi humanos, y hasta qué punto se postran y se inclinan ante el misterio del Niño como si entendieran y estuvieran adorando.
Pero esto era lógico, puesto que ambos animales eran como los símbolos proféticos tras los cuales se oculta el misterio de la iglesia, nuestro misterio, puesto que nosotros somos buey y asno frente a lo eterno, buey y asnos cuyos ojos se abren en la nochebuena de forma que, en el pesebre, reconocen a su Señor.
III
¿Pero le reconocemos realmente? Cuando nosotros ponemos el buey y el asno en el portal, deben venirnos a la memoria aquellas palabras de Isaías, las cuales no son sólo evangelio -promesa de un conocimiento que nos ha de llegar- sino también juicio por nuestra ceguera actual. El buey y el asno conocen, pero «Israel no tiene conocimiento, mi pueblo no tiene inteligencia».
¿Quién es hoy el buey y el asno, quién «mi pueblo», que está sin inteligencia? ¿En qué se conoce al buey y al asno y en qué a «mi pueblo»? ¿Por qué se da el fenómeno de que la irracionalidad conoce y la razón se halla ciega?
Para encontrar una respuesta, debemos volvernos nuevamente, con los padres de la iglesia, a la primera navidad. ¿Quién es el que no conoció? ¿Y quién conoció? ¿Y por qué ocurrió así.
Ahora bien, el que no conoció fue Herodes, el cual tampoco comprende nada cuando se le anuncia el nacimiento del Niño. Sólo sabe de su afán de dominio y de su ambición de mando y de la manía persecutoria correspondiente y, por ello, se hallaba profundamente cegado (Mt 2,3).
El que no conoció fue también «todo Jerusalén con él» (Ibid.). Quienes no conocieron fueron los hombres vestidos lujosamente, las gentes importantes (Mt 11,8). Los que no conocieron fueron los señores sabihondos, los entendidos en Biblia, los especialistas en la interpretación de la sagrada Escritura, los cuales conocían con exactitud los pasajes de la Biblia, y, sin embargo, no entendían una palabra (Mt 2,6).
Los que le conocieron como el «buey y el asno» fueron: los pastores, los magos, María y José. ¿Podía ser de otra manera? En el establo donde él se encuentra no se ve gente fina, allí están como en su casa el buey y el asno.
¿Pero qué es lo que ocurre con nosotros? ¿Nos hallamos tan alejados del establo porque somos demasiado finos y demasiado sesudos para ello? ¿No nos enredamos también nosotros en sabihondas interpretaciones de la Biblia, en pruebas de la autenticidad o inautenticidad, de forma que nos hemos hecho ciegos para el Niño y no percibimos ya nada de él?
¿No estamos demasiado en «Jerusalén», en el palacio, encasillados en nosotros mismos, en nuestra propia gloria, en nuestras manías persecutorias para que podamos oír en seguida la voz de los ángeles, acudir al pesebre y ponernos a adorar?
Así en esta noche nos contemplan los rostros del buey y del asno que nos interrogan: mi pueblo carece de inteligencia, ¿no comprendes tú la voz de tu Señor? Cuando nosotros colocamos las figuras que nos son familiares en el pesebre, debemos pedir a Dios que otorgue a nuestros corazones aquella simplicidad o sencillez que sabe descubrir en el niño al Señor, tal como lo hizo, en tiempos, Francisco en Greccio.
Entonces nos podría ocurrir lo que nos cuenta Celano, con unas palabras muy similares a las de san Lucas acerca de los pastores de la primera nochebuena (Lc 2,20), sobre los que participaron en la celebración de Greccio: todos regresaban a sus casas llenos de alegría. [10]
Notas
[1] Ignacio de Antioquía, Carta a los magnesios, 3,1.
[2] B. Reicke, Jatresfeier und Zeitenwende im Judentam und ChristentUm der Antike: TThQ 150 (1970) 321- 334. Las perspectivas de este articulo que echa por tierra el consenso habido hasta ahora de los investigadores sobre el origen de la navidad y de la epifanía, parece que apenas han conseguido acceso en el campo de la ciencia litúrgica.
[3] II Cel 151, 199.
[4] I Cel 30, 84.
[5] I Cel 30, 86.
[6] Cf. J. Ratzinger, El Dios de Jesucristo, Salamanca 1981.
[7] En España y en los países de nuestra cultura, decimos «el buey y la mula» en vez de «el buey y el asno». Esto hay que tenerlo en cuenta muy particularmente en las alusiones que se hacen a la Biblia, que no se ajustan a la «mula», sino al «asno» y en lo que dirá más adelante Mons. Albino luego Juan Pablo I (N. del T.)
La difusión de la celebración litúrgica de la Navidad fue rápida. En la segunda mitad del siglo IVse va extendiendo por todo el mundo cristiano: por el norte de Africa (año 360), por Constantinopla (año 380), por España (año 384) o por Antioquía (año 386).En el siglo V la Navidad es una fiesta casi universal.
TEXTO SOBRE LOS ORÍGENES DE LA CELEBRACIÓN DE LA NAVIDAD
Los cristianos de la primera generación, es decir, aquellos que escucharon directamente la predicación de los Apóstoles, conocían bien y meditaban con frecuencia la vida de Jesús. Especialmente los momentos decisivos: su pasión, muerte redentora y resurrección gloriosa.
Nacimiento
También recordaban sus milagros, sus parábolas y muchos detalles de su predicación.
Era lo que habían oído contar a aquellos que habían seguido al Maestro durante su vida pública, que habían sido testigos directos de todos aquellos acontecimientos.
Acerca de su infancia sólo conocían algunos detalles que tal vez narrara el propio Jesús o su Madre, aunque la mayor parte de ellos María los conservaba en su corazón.
Cuando se escriben los evangelios sólo se deja constancia en ellos de lo más significativo acerca del nacimiento de Jesús. Desde perspectivas diferentes, Mateo y Lucas recuerdan los mismos hechos esenciales: que Jesús nació en Belén de Judá, de la Virgen María, desposada con José, pero sin que Ella hubiese conocido varón. Además, hacia el final de los relatos sobre la infancia de Jesús, ambos señalan que después fueron a vivir a Nazaret.
Mateo subraya que Jesús es el Mesías descendiente de David, el Salvador en el que se han cumplido las promesas de Dios al antiguo pueblo de Israel. Por eso, como la pertenencia de Jesús al linaje de David viene dada por ser hijo legal de José, Mateo narra los hechos fijándose especialmente en el cometido del Santo Patriarca.
Por su parte, Lucas, centrándose en la Virgen —que representa también a la humanidad fiel a Dios—, enseña que el Niño que nace en Belén es el Salvador prometido, el Mesías y Señor, que ha venido al mundo para salvar a todos los hombres.
Los primeros cristianos no celebraban el cumpleaños
San José con el Niño Jesús
En el siglo II el deseo de saber más sobre el nacimiento de Jesús y su infancia hizo que algunas personas piadosas, pero sin una información histórica precisa, inventaranrelatos fantásticos y llenos de imaginación. Se conocen algunos a través de los evangelios apócrifos. Uno de los relatos más desarrollados sobre el nacimiento de Jesús contenido en los apócrifos es el que se presenta en el llamado Protoevangelio de Santiago, según otros manuscritos, Natividad de María, escrito a mediados del siglo II.
En las primeras generaciones de cristianos la fiesta por excelencia era la Pascua, conmemoración de la Resurrección del Señor. Todos sabían bien en qué fechas había sido crucificado Jesús y cuándo había resucitado: en los días centrales de la celebración de la fiesta judía de la Pascua, en torno al día 15 de Nisán, es decir, el día de luna llena del primer mes de primavera.
Sin embargo, posiblemente no conocían con la misma certeza el momento de su nacimiento. No formaba parte de las costumbres de los primeros cristianos la celebración del cumpleaños, y no se había instituido una fiesta particular para conmemorar el cumpleaños de Jesús.
La fecha del 25 de diciembre
Hasta el siglo III no tenemos noticias sobre el día del nacimiento de Jesús. Los primeros testimonios de Padres y escritores eclesiásticos señalan diversas fechas. El primer testimonio indirecto de que la natividad de Cristo fuese el 25 de diciembre lo ofrece Sexto Julio Africano el año 221. La primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I, 13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae (“el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”). A partir del siglo IV los testimonios de este día como fecha del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, mientras que en la oriental prevalece la fecha del 6 de enero.
Gruta de la Natividad. Belén
Una explicación bastante difundida es que los cristianos optaron por ese día porque, a partir del año 274, el 25 de diciembre se celebraba en Roma el dies natalis Solis invicti, el día del nacimiento del Sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga del año.
Esta explicación se apoya en que la liturgia de Navidad y los Padres de la época establecen un paralelismo entre el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como «sol de justicia» (Ma 4,2) y «luz del mundo» (Jn 1,4ss.).
Sin embargo, no hay pruebas de que esto fuera así y parece difícil imaginarse que los cristianos de aquel entonces quisieran adaptar fiestas paganas al calendario litúrgico, especialmente cuando acababan de experimentar la persecución.
La relación entre pasión y encarnación
Otra explicación más plausible hace depender la fecha del nacimiento de Jesús de la fecha de su encarnación, que a su vez se relacionaba con la fecha de su muerte. En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirma que “nuestro Señor fue concebido el 8 de las kalendas de Abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día que murió” (B. Botte, Les Origenes de la Noël et de l’Epiphanie, Louvain 1932, l. 230-33). En la tradición oriental, apoyándose en otro calendario, la pasión y la encarnación del Señor se celebraban el 6 de abril, fecha que concuerda con la celebración de la Navidad el 6 de enero.
Detalle de la Portada de la Natividad. Sagrada Familia de Barcelona
La relación entre pasión y encarnación es una idea que está en consonancia con la mentalidad antigua y medieval, que admiraba la perfección del universo como un todo, donde las grandes intervenciones de Dios estaban vinculadas entre sí.
Se trata de una concepción que también encuentra sus raíces en el judaísmo, donde creación y salvación se relacionaban con el mes de Nisán.
El arte cristiano ha reflejado esta misma idea a lo largo de la historia al pintar en la Anunciación de la Virgen al niño Jesús descendiendo del cielo con una cruz.
Así pues, es posible que los cristianos vincularan la redención obrada por Cristo con su concepción, y ésta determinara la fecha del nacimiento. “Lo más decisivo fue la relación existente entre la creación y la cruz, entre la creación y la concepción de Cristo” (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, 131).
La difusión de la celebración litúrgica de la Navidad fue rápida. En la segunda mitad del siglo IV se va extendiendo por todo el mundo cristiano: por el norte de Africa (año 360), por Constantinopla (año 380), por España (año 384) o por Antioquía (año 386). En el siglo V la Navidad es una fiesta casi universal.
FRANCISCO VARO Profesor de Sagrada Escritura en la Facultad Teología de la Universidad de Navarra.
martes, 20 de diciembre de 2011
EL ÁRBOL DE NAVIDAD
SU ORIGEN Y SENTIDO CRISTIANO
“En
las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su
forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de
vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo
de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer,
una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e
iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará
una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una
sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención”(Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).
EL ÁRBOL DE LA VIDA, EL AMOR Y LA PAZ
Árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro
Muchas de las leyendas y antiguas tradiciones que hacen referencia al árbol de Navidad se remontan a tiempos muy antiguos,
pero la documentación histórica acerca del árbol tal y como lo
conocemos y decoramos hoy en día, sólo apareció en los últimos siglos.
No hay duda, sin embargo, que estas leyendas y tradiciones muestran la convergencia de muchas costumbres, algunas de ellas nacidas fuera de la cultura cristiana y otras de origen estrictamente cristiano.
Vamos a considerar aquí algunas que podrían ser precursoras del árbol de Navidad.
ORIGEN HISTÓRICO
Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus
chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.
Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago
y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el
laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.
En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.
Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, cerca de la fecha de la Navidad cristiana.
El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en
cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el
Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se
encontraba el Helheim (reino de los muertos).
Cuando se evangelizó el centro y norte de Europa, los primeros cristianos de esos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.
SAN BONIFACIO, OBISPO DEL SIGLO VIII
San Bonifacio cortando el roble de Odín
Una interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-,
popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII.
San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.
Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731).
A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.
Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.
El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el
primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante
el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en
este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.
El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que
milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas
rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor
perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las
tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a
iluminar el mundo).
Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas
una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a
casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.
OBRAS TEATRALES RELIGIOSAS MEDIEVALES
Árbol de Navidad
También ofrecen pistas importante sobre el origen del árbol de Navidad, tal como lo conocemos, las obras de teatro medievales que representaban los misterios y pasajes de la Biblia.
En concreto el árbol del Bien y del Mal en el Paraíso Terrenal. Su propósito era enseñar la religión a los feligreses, que en su mayoría eran analfabetos.
Para difundir y mantener viva la fe y dar a conocer las Sagradas Escrituras, la predicación era esencial, pero no suficiente.
Se pensó que las obras teatrales completaran esa predicación y pronto se hicieron populares en toda Europa.
En la Nochebuena, el 24 de diciembre, se representaba -con grandísimo éxito popular- el episodio del pecado original de Adán y Eva. El árbol del Paraíso terrenal era el centro del escenario.
El árbol debería haber sido un manzano, pero no habría sido adecuado en invierno. Se ponía un abeto en el escenario con algunas manzanas en sus ramas, y obleas preparadas con galletas trituradas en moldes especiales, así como dulces y regalos para los niños. Incluso cuando se abandonaron estas obras teatrales religiosas, el árbol del Paraíso siguió estando asociado a la Navidad.
LOS ORÍGENES MÁS RECIENTES DEL ÁRBOL DE NAVIDAD
La opinión más generalizada entre los expertos es que el árbol de
Navidad, tal como lo conocemos hoy, decorado e iluminado con luces,
deriva de este árbol del Paraíso. Como su lugar de nacimiento se sugiere la orilla izquierda del Rhin, y concretamente la Alsacia.
Uno de los primeros testimonios de esto son los registros de la ciudad de Schlettstadt (1521), en los que fue establecida una especial protección para los bosques en los días previos a la Navidad; los guardabosques eran los responsables de castigar a cualquiera que cortara un árbol para decorar su casa .
Otro documento nos informa de que, en Estrasburgo, la capital de Alsacia, los abetos se vendían en el mercado, para llevar a casa y decorarlos.
De Alsacia, la tradición de los árboles de Navidad se propaga a toda
Alemania y al conjunto de Europa, y pronto, al resto del mundo
cristiano.
ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL
Árbol de Navidad
Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético.
La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.
En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra:
ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en
ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.
Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.
SENTIDO CRISTIANO
El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de
cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y
por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías
prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de
la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.
En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo:
en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el
perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo
II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).
La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:
Árbol de Navidad con los tradicionales adornos
• El azul, para las oraciones de reconciliación.
• El plateado, para las de agradecimiento.
• El dorado, para las de alabanza.
• El rojo, para las de petición.
• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.
El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes…
Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños:
“Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).
LOS ADORNOS NAVIDEÑOS
Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:
• Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
• Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol
con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se
acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
• Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
• Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.
Como nos dice Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del
árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad!
… Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos
cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con
alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005)